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martes, 3 de marzo de 2015

Abrazando la incomodidad

A nadie nos gusto sentirnos incómodos.

La mayoría de la gente pasa prácticamente toda su vida buscando tener una vida cómoda. Es naturaleza humana.
El problema, sin embargo, es que con enorme frecuencia muchos confunden resignación con satisfacción y comodidad con realización; engañándose con pretextos como: "tengo una casa pequeña, pero no necesito más", "un trabajo que no me paga lo que necesito pero el horario es cómodo", "un puesto mediocre pero seguro", "podría hacer más pero eso no está en la descripción de mi trabajo", etc.
Pensando equivocadamente que si logramos rodearnos de las comodidades más básicas, con el más mínimo esfuerzo posible, entonces lograremos vivir como queremos.

Pero comodidad no es igual a realización.

Una cosa es ser agradecidos y apreciar profundamente lo que hemos logrado y hasta donde hemos llegado; y otra totalmente, querernos engañar con una falsa satisfacción que resulta ser el disfraz de la resignación de no creernos capaces de lograr aún más.

Sucede en el trabajo y también en nuestra vida personal. Lo mismo con la salud que con nuestra educación. Incluso hasta con a dónde queremos ir de vacaciones.
A las empresas bloquea su crecimiento, cegando al equipo con la creencia de que, porque han logrado ya ser especialistas o hasta expertos en sus entregables, no tienen a dónde más crecer.

Pero mientras que para nuestros ancestros, la comodidad era sinónimo de seguridad, en un mundo tan cambiante y una época tan acelerada como la actual, sentirse cómodo es el primer riesgo.

Cuando uno se enajena en su comodidad, cesa su búsqueda por crecer y, como dicen por ahí: "cuando uno deja de crecer, comienza a morir".

Por una clara razón en Inglés usan la frase de: "Growing pains", porque crecer duele, es incómodo. Crecer, cambiar, evolucionar, avanzar, resulta siempre muy incómodo. Para muchos hasta angustiante quizás.
Cuando apostamos por crecer, visualizamos y esperamos lo mejor, pero nos sometemos a la incómoda realidad de no saber con certeza que sigue, qué nos espera a la vuelta y cómo todo será.

Pero es esa incomodidad la que nos lleva a continuar. Porque no habría tragedia más grande que engañarse con la noción de que ya no necesitamos más para volver a una falsa comodidad.

miércoles, 4 de abril de 2012

El éxito equivocado.

Estás cumpliendo X años de carrera profesional. Haz tomado el camino difícil y lleno de esfuerzo, dedicación absoluta e intenso trabajo para ascender en la escalera corporativa hasta ocupar por fin la tan anhelada oficina de la esquina, desde la que dirigirás con grandeza esa importante empresa.
Te haz hecho de coches y casas, viajas a múltiples destinos cada año y en pocas palabras tienes la vida “que muchos querrían”.
O bien usaste los ahorros de tu vida en lanzar ese negocio que tanto deseabas. Quizá ahora eres un empresario, tu propio jefe. Eres quien decide y quien define la agenda, estableces tus horarios y tienes la palabra final porque ahora el jefe eres tú y tienes la vida “que muchos querrían”.
Pero resulta ser que aún sientes un vacío. No importa que tanto hayas logrado hacer y cuantos de tus objetivos hayas cumplido ya, hay algo que simplemente no te deja estar cómodo.
Sientes que has obtenido el éxito equivocado.
Usualmente creemos que es muy fácil determinar quién es exitoso y quién no, pues durante años nos han vendido la idea de que exitoso es quien más dinero, mejor coche y mas grande oficina tiene.
Y mientras que conseguir todas estas cosas no está mal, lo cierto es que no son estas las exclusivas señales de éxito que pensábamos; pues por más que los acumules, pueden dejarte sintiendo un gran vacío.
Y es que, no importa cuanto ganemos, que tan alto sea el título que tenemos o que tan importante creamos que es nuestro trabajo… ¿de qué nos sirve todo ese éxito si es el equivocado, el que otros decidieron que era la medida exacta de logros para nosotros, el que los ideales de otras personas fijaron en nuestra mente?
Como dice Tom Peters: “No hay nada más inútil que hacer con éxito aquello que no necesitábamos hacer”.
Ahora imagínense llegar a la mitad de su vida sabiendo que han logrado todo aquello que otros esperaban de ustedes pero que ¡ustedes no querían exactamente hacer!
Por supuesto que todos queremos tener una situación financiera sólida y estable, pero nuestro enfoque debería de estar en lograrla no solo para llenarnos de gustos y caprichos, sino para contar con los recursos suficientes para poder crear y vivir el nivel, estilo y calidad de vida con que queremos vivir.
Hacerlo no es fácil. Aún tengo que encontrar a alguien que conozca la fórmula secreta para lograrlo y paso gran parte de mi día pensando al respecto.
Y, aunque me siento lejos de saberlo, he encontrado que, por lo menos resulta básico encontrar tu pasión, actuar con un sentido de propósito y establecer un motor económico que permita trabajar en lo que más te apasiona, lo que mejor sabes hacer y que además aporta un valor específico a la vida de otros.
Tal vez esto no te vuelva millonario o quizás lo haga en menos de lo supones, pero sea lo que sea, cuando menos no te dejará sintiendo ese vacío de haber logrado el éxito equivocado.
Como dice Nelson Mandela: “El verdadero éxito, el duradero, se encuentra cuando vemos en quién nos convertimos con el tiempo… si fuimos honestos, valientes y sinceros con nosotros mismos.”

sábado, 26 de noviembre de 2011

Desde el parque.



Han pasado varias semanas desde que escribí el último post, siete semanas creo en que fue necesario por primera vez, poner en pausa, junto con otras cosas, una de las actividades que más amo y disfruto en la vida, para poder redefinir prioridades, reorganizar agendas, reestructurar planes y recursos y reiniciar y ejecutar viejas y nuevas acciones que están agregando nuevos sentidos y valiosas contribuciones a la vida de un servidor… y una de esas se ha dado desde el parque…
Son ya unas semanas desde que empece a correr con mi mascota en el parque publico inluso irme un poco mas extremo y recorrer el bosque.
El cambio fue notorio; no solo en la cantidad de esfuerzo adicional que se requiere para pisar un suelo suelto y resbaloso cuando está seco, compactado y pegajoso cuando está mojado y abultado en algunos lugares y cóncavo en otros, pero también en la cantidad de aprendizajes, analogías y conclusiones a las que uno puede llegar con tan solo observar con un poco de detenimiento lo que sucede a su alrededor.
A los cinco minutos de haber empezado esta travesia, he de reconocer que ya estaba sacando los higados y suplicando llegar al carro tomar agua y regresar a mi cama, pero mi perro me ha motivado a seguir adelante y veo como lo disfruta, claro dspues de estar casi toda su vida dentro de la casa, eso me hace pensar que esta experiencia se asemeja a la vida común y corriente de todos:
  • En el parque es fácil ver quiénes están trabajando por un objetivo claro y específico y quiénes están ahí por falta de un mejor lugar donde estar. Resulta sencillo identificar a quienes están entrenando y trabajando en mejorar su desempeño; corren, con cronómetro en mano, de un punto específico a otro determinado. También puedes señalar a quienes con un paso constante e intervalos de mayor desempeño, vamos a procurar nuestra salud pero no a competir.
    Y por supuesto también puedes ver de bote pronto a quienes tan solo van a pretender que están ahí, ataviados con las mejores prendas deportivas que usan para desfilar durante una vuelta para después, sentados en una cómoda banca, fumar un cigarro y tomar un café… Ahora entiendo el dicho “as easy as a walk in the park”.
  •  Tanto como en la vida, al ejercitarte en el parque también resulta fácil caer en la tentación de seguir el paso que otros están marcando. Es común ver como una persona joven que va caminando, se siente presionado a correr porque acaba de ser rebasado por alguien de mayor edad que va corriendo a mayor velocidad. O como personas que no se conocen compiten entre sí apretando el paso para ir tan solo unos centímetros adelante del otro. Todos olvidando que están ahí por ellos mismos, por su propia carrera; dejando de lado que la única marca que tienen que romper es la propia. Por eso, siempre resulta alentador y refrescante ver a los pocos que no solo se enfocan en mantener su propio paso, sino que también definen la dirección en que quieren avanzar, en lugar de tomar la ruta y el sentido que la mayoría recorre ahí.
  •  Tener el equipo y las herramientas correctas hace toda la diferencia para lograr un mejor desempeño y ser mucho más eficientes al lograrlo. Jamás hubiera dedicado más de 5 minutos de pensamiento a la importancia de usar los zapatos tenis correctos, no solo para lograr mejores resultados, pero para no lastimarme al hacerlo. Pero tanto como en la vida y en el trabajo, aquí también necesitamos contar con el equipo correcto y los recursos adecuados para lograr un mejor resultado.
  • Sin embargo no hay que echar la casa por la ventana… seguro que tener el mejor equipo posible es lo más deseable, pero tampoco se trata de invertir todos nuestros recursos en estas herramientas a menos de que en verdad estemos seguros de que las usaremos y aprovecharemos al 100%. Una vez emocionados cuando comenzamos a desempeñar una nueva actividad, es fácil ceder ante la tentación de tener no solo todas las herramientas y equipo indispensable, pero también de hacernos de todos los juguetes y parafernalia alrededor de esta. Relojes, podómetros, tenis, MP3s, pants o tights, cambian su nombre por Polar, Nike + Ipod Sport kit y Adidas o Nike.
    Y si bien es increíble contar con todos estos recursos, sin duda no son indispensables para lograr la tarea.
    Crecer poco a poco e ir haciéndose de mejores recursos y herramientas conforme vamos logrando un avance real, resulta no solo más costo - eficiente pero también se convierte en un gran incentivo.
  • Todos necesitamos un coach. Todos los días alguien nuevo llega al parque para comenzar su nueva buena rutina, pero muy pocos comienzan con el apoyo de alguien que les ayude a trazar un buen plan para esta.
    Algunos consiguen un mentor que les dice como obtuvo sus logros, más su historia difícilmente será la suya. Otros se acercan con un consultor que les dice que ejercicios (que nunca han hecho) la teoría dice que se deben hacer; y otros, la gran mayoría, llegamos solos a la pista, nos estiramos como creemos que es mejor, calentamos como suponemos que se debe hacer y nos lanzamos a la pista al ritmo y paso que asumimos es mejor,  pero no nos aseguramos de contar con alguien que nos ayude a establecer un plan, definir objetivos concretos, identificar los mejore ejercicios, medir nuestro avance y retarnos a lograr más, mucho más de lo que nos creemos capaces. Y entonces es cuando confirmo que todos necesitamos un coach.

lunes, 16 de mayo de 2011

De oportunidades y de gente.


Oportunidades. Todos quieren una.
¿Pero realmente qué hacen por contar con esta?
Después de mucho pensar y leer sobre el tema y conversar con más de uno al respecto, he llegado a la conclusión de que podríamos dividir a la gente en tres tipos, de acuerdo a su posición o etapa y visión ante las oportunidades.
Por un lado tenemos a quienes siempre están en espera de que la vida les regale en charola de plata esa gran oportunidad que cambiará su historia para siempre. Pero se quedan esperando por años, viendo la vida pasar porque ni siquiera saben qué clase de oportunidad están buscando. Son quienes en lugar de tomar la responsabilidad de entender quiénes son, como son, qué les interesa, cuáles son sus más grandes fortalezas y más críticas áreas que requieren desarrollar, cuáles son su principios, sus valores y su pasión; dejan en manos de otros lo que en su vida pueda o no suceder. Son como quienes rezan todas las noches pidiendo ganarse la lotería, pero jamás compran un boleto.
Por otro lado están esas personas que están listas para aprovechar al máximo todas y cada una de las oportunidades que se les presenten. Se conocen bien a sí mismos y tienen muy claro a dónde quieren llegar. Saben perfectamente qué les apasiona y hace sentir realizados y a como dé lugar buscan cumplir con su pasión en la vida, por lo tanto están siempre abiertos a abordar cualquier oportunidad, por mínima que sea, para cumplir con su pasión.
Pero esto no es suficiente. Esa incesante búsqueda por solamente satisfacer su pasión y hacer lo que para ellos(as) parece mejor, los guía por una vida de carencia, egoísmo y  compromisos cuartados, promesas rotas y brechas incompletas de las que saltan cada vez que una “mejor” o más innovadora oportunidad se presenta frente a ellos.
Y finalmente están quienes, como los anteriores, también entienden con claridad quiénes son y a dónde van, conocen sus principales fortalezas y saben de qué pié cojean también. Saben cuáles son sus más grandes pasiones y lo que mayor sentimiento de realización les da. Pero mucho más allá de querer aprovechar las oportunidades que se les presentan para satisfacer su pasión; aprovechan esta última para, junto con sus fortalezas, valores  y todos sus recursos, desarrollar un sentido de propósito en la vida y así poder crear nuevas oportunidades para los demás.
Entienden que no importa si se trata de gigantescos esfuerzos para cambiar al mundo o de pequeñas contribuciones a la vida de alguien más, lo importante es aprovechar y crear una nueva oportunidad. Crear una nueva y mejor historia que contar.
Sin duda, estos últimos, son a los que más oportunidades la vida les da.

viernes, 13 de mayo de 2011

No hay fórmula mágica...


Ni bala de plata, ni receta infalible, ni remedios milagrosos...
Si quieres crear campañas de comunicación y marketing exitosas, o si quieres tener éxito en cualquiera que sea la actividad que realices todos los días, solo hay una verdadera constante que está presente: siempre tienes que tomar riesgos.

Por supuesto hay metodologías de planeación estratégica que nos ayudan a entender dónde estamos parados y qué está sucediendo con nuestro consumidor y al respecto del mundo de nuestra marca y su categoría; procesos que nos ayudan a definir claramente los objetivos que queremos lograr; y modelos que nos ayudan a determinar nuestra estrategia y el plan de acción que vamos a ejecutar para lograr estos objetivos, en base al análisis de las diferentes variables que hemos tomado en cuenta.
Y claro que contamos con diversos aprendizajes previos y modelos predictivos y "benchmarks" para guiar nuestra toma decisión y elegir el que creemos que será el mejor camino para llegar al punto que queremos.
Pero seamos claros: No importa cuanto queramos curarnos en salud estudiando y replicado el pasado éxito de otros, tenemos que estar dispuestos a arriesgarnos y abiertos a equivocarnos, pues esa es la única forma en la que en verdad podemos seguir avazando.
Hace unos días, mientras explicaban en mi clase de planeación estratégica, que quienes vivimos de la mercadotecnia y la publicidad tenemos que aprender a vivir y trabajar en "prueba y error" o mejor dicho "prueba y lección", una alumna replicó que eso no hacía sentido, que ella se había inscrito a ese diplomado para aprender lo que sí funciona y nada más...
E inmediatamente me llevo a pensar en la cantidad de veces que, en alguno y otro foro, he preguntado y pedido ver cuáles son los casos de éxito y la fórmula casi secreta que estos desarrollaron para lograrlo.
Y cada vez escucho, a veces con menos paciencia y otras con mayor gracia, que la única constante real que puedo ver entre todos estos "casos de éxito" no es la buena aplicación de su metodología de planeación, ni la buena y clara definición de sus objetivos o la buena creatividad y ejecución que lograron, pues todas estas pueden variar dependiendo de los ojos con que sean vistos. En realidad la única constante verdadera que veo yo es que en todos esos casos entendieron que lo que tenían que hacer era precisamente dejar de buscar fórmulas secretas y balas de plata y simplemente arriesgarse a hacer, a tomar acción, estar dispuestos a equivocarse y a aprender.
Piénsenlo, ¿podrían empresas como P&G, Unilever, Google, FaceBook, Ford, etc. haber llegado a donder están hoy sin haberse arriesgado, sin haber estado dispuestos a equivocarse y a aprender?
Después de todo, como dice Seth Godin en su último libro, Poke the Box: "Recompensamos a quienes dibujan los mapas, no a quienes los siguen".

martes, 26 de abril de 2011

Los sueños se sí se cumplen… pero hay que trabajar en ellos.


Tengo que confesarlo. Siempre he sido muy afortunado en lo personal y en lo profesional también.
En lo que concierne a mi carrera profesional, he contado con la oportunidad colaborar con algunas de las más importantes empresas  y he tenido el privilegio de aprender de los mejores profesionales en América Latina y en el mundo también. Y me siento profundamente agradecido por esto.Después de todo, recuerdo que desde la preparatoria, mi sueño era desarrollarme en este medio. Y sí, mi sueño se cumplió, pero no solo por fortuna sino por un enfoque claro, asumir riesgos, trabajar duro con pasión y dedicación. Pero la cosa con los sueños es que siempre hay uno nuevo. Siempre hay un nuevo objetivo que lograr y una nueva meta a la cual llegar.
Hace unos años (4 ó 5 para ser más exacto) mi sueño se había convertido en poder incrementar el alcance de mi trabajo. Entonces una de las más importantes puertas en mi carrera profesional se abrió.
Dos años más tarde, mi sueño mutaba a poder continuar en el camino de la formación y el entrenamiento para ayudar a desarrollar el talento de los profesionales de esta industria que tanto me ha dado y la puerta se abría de nuevo, ahora para cambiar de equipo e integrarme al área de entrenamiento y capacitación; probablemente el más arriesgado movimiento que haya hecho hasta ahora en mi carrera. Desde un punto de vista el más atinado cambio y desde el otro, discutiblemente, el peor error de carrera que jamás haya cometido. Por un lado tenía la oportunidad de adquirir nuevas habilidades profesionales y desarrollar nuevas competencias que, sin duda, hoy me ayudan a continuar con mi sueño. Por el otro dejaba de lado toda la influencia con que contaba en el brazo comercial de este nueva aventura que decidi tomar; riesgo difícil de asumir y privilegio menos fácil de abandonar, pero aún así dí un paso más hacia la realización de mi sueño.
Y como es común con los sueños ya se comenzaba a formar uno nuevo: la creación de una plataforma de colaboración de algunos de los más destacados profesionales de marketing y comunicación quienes, además de ser responsables de algunas de las más importantes campañas, marcas y medios digitales en México y Latino América, comparten también la vocación y la pasión de desarrollar el talento de la industria en nuestro país.
Entonces, compartiendo el sueño con mi socio y amigo asumiendo ambos el enorme riesgo que implicaba; escuchando, con dos granos de sal, a mas críticos de los que quisiera contar; y dispuesto a las largas horas de trabajo adicional que esto representaba, pero creyendo firmemente en este gran sueño; de la combinación de una red social de nicho, de un programa de radio por internet y de la pasión por compartir y aprender.
Entra entonces al juego, la sincronizidad.
Sincronizidad,  es la experiencia de dos o más eventos que aparentemente no están relacionados entre sí; que son poco probables de suceder a la vez; y que, sin embargo, al ocurrir, son vistas como si hubiesen sucedido intencionalmente juntas, explicaba en los años 20 el psicólogo Suizo Carl Jung.
“Synchronicity is the coming together of inner and outer events in a way that cannot be explained by cause and effect and that is meaningful to the observer”.  Carl Jung.

Aún recuerdo esa importante sesión que tuve con mi coach respecto a mis pasos a seguir, mi plan de acción y mis fechas límites para hacer que todo sucediera; y recuerdo también los consejos que amigos, algunos importantes figuras del medio, que en esos momentos dejaban la vida corporativa para convertirse en emprendedores, me compartieron.
No todo fue miel sobre hojuelas debo decir. Mi rol, ahora despues de estar varado en la universidad de Ingenieria a Licenciatura ha sido todo un espectaculo.
Al no aceptar este movimiento mi rol perdía peso a pasos agigantados y la brecha entre el impacto que tenía mi trabajo como Estudiante y emprendedor adjuntando la parte maniatica de quedarme a escribir en los blogs y actualizando los perfiles y posteando tarugada y media. Y la necesidad de una sana separación era para todos más que evidente.
Y es que como dije al principio, los sueños sí se cumplen, pero hay que trabajar con pasión, claridad y dedicación para hacerlos realidad; y estar dispuestos a asumir los riesgos que realizarlos puede implicar, porque definitivamente el mayor riesgo sería no arriesgarse a hacer nuestros sueños realidad. Sigue soñando y actúa. Porque nadie más que tú puede dedicarse a hacer tús propios sueños una realidad. ¿Y ustedes en qué están soñando hoy?

viernes, 11 de marzo de 2011

10 años


¿Se imaginan a Roger Federer sin entrenar por lo menos 6 horas al día durante tantos años de carrera deportiva?
¿Pueden ver a Stephen Covey sin "afilar su sierra" día con día durante tantas décadas?
¿Pueden imaginar a Karla Wheelock sin prepararse diariamente para escalar su siguiente cima?
Definitivamente todos ellos tienen un enorme talento nato para hacer lo que los ha hecho tan exitosos. Pero más allá de ese talento, su más grande fortaleza radica en entender que su talento no es suficiente y que para llegar a donde han querido llegar es necesario ejecutar y trabajar mucho; muchísimo más que todos los demás.
No estoy seguro si es una moda o el síntoma de una enfermedad de nuestra época, pero cada vez es mayor la cantidad de personas que pretenden generar una artificial y casi espontánea buena reputación solo en base a su talento y no en base a su trabajo, esfuerzo y generación de un real valor para alguien más.
Por supuesto no pretendo, con esto, decir que no deban aprovechar y usar sus más grandes fortalezas para crear y desarrollar su carrera, pero definitivamente no pueden esperar que tan solo estas les lleven al éxito que creen de facto merecer.
"10 años al menos es lo que toma tener un éxito de la noche a la mañana" escuché decir alguna vez a Seth Godin, refiriéndose a la absoluta importancia de trabajar intensamente, con pasión, entrega y disciplina en la ejecución y realización de tus planes.
10 años de esfuerzo y trabajo para desarrollar, potencializar y pulir tus talentos y entonces, después de eso 10 años, seguirán otros 10 años y 10 años más para mantenerte en donde quires estar.
Por supuesto está muy bien confiar en tus más grandes fortalezas y enfocarte en desarrollar y afilar tus más destacados talentos para crear y desarrollar tu carrera profesional, pero no importa que tan especiales sean estas, sino los aprovechas con disciplina, enfoque y trabajo,  más seguro que no, no llegarás muy lejos.

lunes, 20 de septiembre de 2010

De títulos, cargos, tarjetas y ladrillos…

Títulos… ¿quién no le ha dedicado más del tiempo merecido a pensar respecto al título o cargo que ostenta? Mientras que algunos viven eternamente enamorados de su título, otros se apenan de el  y juran merecer uno mejor. Otros critican el de los demás y unos cuantos más lo usan como su cobija de seguridad. También hay quienes deciden con quien sí o no hablar dependiendo del título indicado en al tarjeta de presentación de esas personas. E incluso hay hasta aquellos que portan su tarjeta cual placa de sheriff “charoleándola” ante quienes los rodean y lamentando no poder usarla también como ladrillo para pararse “en lo alto” frente a los demás.
El problema con los títulos, sin embargo, es que todos son prestados. Todos son asignados basados en la percepción de solo unos cuantos. Y todos, absolutamente todos son temporales.
Nadie es Director General, Country Manager, VP, SVP, CEO, CMO, CIO, COO, CFO (ó el CXO que quieran) vitalicio… Hoy, con tu título, serás Juan de la empresa, pero mañana serás solo Juan.
Todos tenemos que rendir cuentas a alguien y ese alguien tarde o temprano requerirá de alguien diferente para cubrir sus necesidades de acuerdo a como estas vayan evolucionando. Y cuando esto suceda, aquel apellido prestado y reputación empeñada al nombre de la organización que te otorgo dicho nombramiento, dejará de significar algo para los demás. Y no es que no la gente no merezca tener el título. Seguro muchos méritos y logros le habrán valido llegar hasta ahí. Pero un título jamás debe ser tu cumbre, pues esas están hechas tan solo de papel.
El día de mañana, la gente no recordará que título ostentabas sino que hiciste por ellos, cómo los trataste y cómo los hiciste sentir.
Por supuesto que los organigramas y las jerarquías son necesarias para poder operar cualquier organización. Por supuesto que se requieren personas que asuman el liderazgo de un equipo, que quieran hacerse responsables por este y que rindan cuentas de las decisiones y acciones del mismo. Sin estos, ninguna operación podría avanzar.
A decir verdad, quienes toman este camino merecen todo nuestro aprecio, respeto y admiración, pero solo por lo que hacen y nunca por lo que pretenden ser.
Contar con una tarjeta de presentación que exponga en letras brillantes y resaltadas un título nobiliario no debería ser necesario para ejercer autoridad sobre un grupo. Hacerlo así es basarse en una “autoridad formal” y no una “moral”… pero ese es tema de otro post.
Los títulos que has ostentado o en ocasiones cargado cual lápida en la espalda, deberías guardarlos para ilustrar tu trabajo y experiencia laboral, solo ahí, en tu Curriculum Vitae.
Y en tu tarjeta de presentación mejor comparte cual es tu trabajo (contador, marketero, financiero o coach), a qué te dedicas día con día (a crear, a entretener, a escribir o a hablar) o mejor aún, dinos que es lo que haces por los demás.

¿Qué escribirías tú?

lunes, 13 de septiembre de 2010

De carreras...

Existen, desde mi punto de vista, tres maneras de desarrollar una carrera profesional.
Ninguna es necesariamente mejor que las otras dos, simplemente cada una responde a las necesidades, principios, valores e intereses que cada quien pueda tener, al resultado final que, al llegar a la “meta” se quiera lograr y al precio que se esté dispuesto a pagar.
Por un lado están las carreras de velocidad. Es el tipo de carrera en la que el profesional está enfocado en obtener un ascenso meteórico y llegar al puesto más alto lo más rápido posible. Seguramente han conocido a más de una persona que son corredores de velocidad. Los identificas fácilmente pues tienen características muy claras.
Típicamente son arrogantes con sus compañeros, condescendientes y abusivos con sus equipos de reporte directo y corteses y subordinados con sus jefes directos e indirectos.
Son inteligentes y tienen un enfoque digno de una mirilla de rayo laser. Se ponen una meta para cada trimestre y hacen hasta lo imposible por lograrla. Normalmente tienen a un mentor o mejor dicho padrino dentro de la organización y hacen lo que este les indique. Si les dice que tienen que viajar 29 días del mes o que se tienen que ir a vivir al otro lado del mundo para seguir con su trabajo, lo hacen sin pensarlo dos veces, no importando el precio que paguen ellos o sus familias. Normalmente son muy productivos para la empresa en la que trabajan y entienden y defienden el estatus quo de la organización pues saben como aprovecharlo en su carrera de velocidad. Dan buenos resultados al negocio... hasta que se queman, físicamente por todo el desgaste que se generan o figurativamente al cometer algún error grave, producto de su misma ambición.
Por el otro lado, está la carrera de resistencia. Sin pena ni gloria pasan los días quienes prefieren hacer este tipo de carrera en que día a día, de lunes a viernes, se presentan en punto de las 9 de la mañana y están ahí cumpliendo fielmente con sus tareas, entre salidas a fumar, paradas a la cafetera, paseos por la tiendita de la esquina y demás pretextos para ocupar su tiempo hasta las 6 de la tarde, aunque algunos prefieren hacerse ver ocupados hasta las 8 de la noche. Dominan el arte de parecer ocupados todo el tiempo y saben en que momento deben agachar la cabeza. Quienes hacen una carrera de resistencia, no están interesados en reconocimientos especiales ni en destacar. Buscan más bien tranquilidad y estabilidad. No se quieren meter en problemas y prefieren “llevar la fiesta en paz” con todos. Son difíciles de identificar al principio pues, buscando esta tranquilidad, tratan de agradarle a todos y se esfuerzan frecuentemente por hacer un buen trabajo, siempre hasta el limite de lo indispensablemente necesario para no poner en juego su estabilidad y seguridad. Cosa que los hace también muy productivos para la empresa.
Pasado el tiempo, los identificas porque después de tantos años en la misma organización, su lealtad es premiada con una que otra promoción, que los va llevando, al paso de los años a llegar a una posición a la que jamás esperaron llegar.
El tercer tipo de carrera, no lo es en realidad, pues quienes toman este camino, más que en desarrollar una carrera están enfocados en crear una forma de vivir. Saben lo que quieren y qué tienen que hacer para lograrlo; y entienden que cada trabajo que toman representa un paso más dentro de su plan. Entienden el precio que hay que pagar, aunque, más frecuente que no, en ocasiones se congelan ante el miedo de pagarlo. Son también relativamente fáciles de identificar pues casi siempre están desafiando al estatus quo de la organización y se enfrentan seguido (a veces en una lucha silenciosa) con los “corredores de velocidad” que se sienten amenazados al haber alguien que piensa diferente a ellos y a su mentor.
A pesar de que a algunos, equivocadamente les gusta llamar a quienes optan por este camino “Job Hoppers”, la realidad es que son, también, muy productivos para las empresas para las que trabajan pues, conscientes de que cada paso es importante para seguir adelante en su plan de vida, hacen lo mejor que pueden para cumplir con el trabajo que tienen, llegando incluso con frecuencia a convertirse en los líderes de la organización.
Ninguna opción mejor ni peor que las otras dos. Simplemente diferentes caminos para desarrollar una carrera profesional. Todas, en su manera, productivas para las empresas.
Y todas con su precio que pagar.
La pregunta que queda es: ¿en cuál de las tres queremos estar?

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